Copias de seguridad
Una copia completa, guardada y a buen recaudo. Si algún día algo se rompe —un fallo, un descuido, lo que sea— volvemos al día de antes como si no hubiera pasado nada. Tu web nunca empieza de cero.
Hicimos tu web para que trabaje, no para que te dé trabajo. Nosotros nos quedamos al volante: copias, actualizaciones, vigilancia y un humano al teléfono cuando algo huele raro. Tú abres la persiana y te olvidas de que existe. Ese es el plan.
Eran las once de la mañana de un sábado de rebajas. El día que más gente entra en todo el mes.
La web estaba caída.
Nadie lo sabía. El dueño estaba en el mostrador, a tope, convencido de que ahí fuera todo iba bien. La gente buscaba el negocio en Google, pinchaba, y se encontraba una página en blanco. Un error feo. Un “este sitio no está disponible”.
No sabremos nunca cuántos dieron media vuelta y se fueron a la competencia. Pero fueron unos cuantos.
La otra versión de lo mismo es más silenciosa. El formulario de contacto que llevaba tres semanas sin enviar un solo correo. Roto por una actualización que nadie hizo a tiempo. Tres semanas de clientes escribiendo al vacío, creyendo que pasabas de ellos.
Y lo peor llega cuando por fin te das cuenta y no sabes a quién llamar: nadie estaba mirando, y el problema lleva días corriendo sin que nadie lo supiera.
Cuidar una web es, sobre todo, que esa mañana no llegue nunca.
Una web es como un coche: sin revisiones, deja de andar. Y nadie repasa el motor el día que sales de viaje.
Funciona todos los días, soporta golpes, se desgasta. El aceite se gasta sin que lo veas, una pieza se afloja en silencio, y un día, sin avisar, te deja tirado en el peor momento. No porque el coche sea malo. Porque nadie le pasó la revisión a tiempo.
Nosotros le pasamos la revisión. Todas. Sin que tengas que acordarte, ni entenderlo, ni mover un dedo.
Tú no tienes por qué saber de webs. Para eso estamos nosotros.
Mientras tú atiendes el mostrador, alguien está mirando que la tuya cargue rápido, esté a salvo y siga en pie. Y si algo se tuerce, lo arreglamos antes —o casi siempre antes— de que tú te enteres.
Esto pasa cada día, en segundo plano, sin que tengas que pedirlo.
Lo decimos en cristiano, sin jerga. Esto es lo que hacemos por tu web, mes a mes, lo notes o no.
Una copia completa, guardada y a buen recaudo. Si algún día algo se rompe —un fallo, un descuido, lo que sea— volvemos al día de antes como si no hubiera pasado nada. Tu web nunca empieza de cero.
Una web por dentro tiene piezas que envejecen y hay que ir cambiando. Las cambiamos nosotros, a tiempo y con criterio: probando antes de tocar, para que una mejora no te tire la página abajo.
Vigilamos que esté en pie y que cargue rápido, todo el día, todos los días. Si se cae a las tres de la madrugada, salta el aviso a nuestro lado, no al tuyo. Tú duermes; nosotros nos enteramos.
El certificado (ese candado de la barra del navegador) siempre al día, para que Google y tus clientes se fíen. Y la web protegida frente a los que llaman a la puerta con malas intenciones, que llaman a diario.
Lo más importante y lo que de verdad cambia las cosas. Cuando algo huele raro, escribes y te contesta una persona que conoce tu web, en horario de aquí. Alguien con nombre, que te entiende y se queda contigo hasta resolverlo.
Que es, en realidad, lo único que querías cuando llegaste hasta aquí. Dejar de pensar en la web para volver a pensar en tu negocio. Eso no aparece en ninguna lista, pero es lo que de verdad te llevas.
Lo que pagas aquí es, justamente, lo que no vas a ver.
Si hacemos bien nuestro trabajo, no te vas a enterar de casi nada. No habrá caídas, ni sustos, ni llamadas urgentes. Pasarán los meses y la web, simplemente, irá. Y es fácil pensar entonces que no haces nada por ella.
Lo bueno solo se nota cuando falta. Como el ruido del ordenador, que no oyes hasta que lo apagas. Tú nos pagas precisamente para no tener una de esas mañanas de sábado. Para que el silencio siga siendo silencio.
No te vendemos fuegos artificiales. Te vendemos no tener que mirar.
No es nuestro primer sábado de rebajas. Ni el primer formulario que rescatamos antes de que nadie se diera cuenta.
Y, sobre todo, cómo trabajamos:
Te vas. Sin pegas, sin candados y sin penalizaciones escondidas en una cláusula. Esto es un cuidado, no una jaula. Si en algún momento dejamos de encajar, te entregamos todo y tan amigos. Lo retenemos por hacerlo bien, no por atarte.
Tuya. Entera. El dominio es tuyo, la web es tuya y las copias de seguridad son tuyas. Nosotros la cuidamos, que es distinto de quedárnosla. Si un día decides que la lleve otro, le pasas las llaves y listo. Aquí no se secuestra a nadie.
Una persona. De carne y hueso, que conoce tu web y habla tu idioma —el de los negocios, no el de los informáticos—, en horario de aquí. Le escribes y te contesta directamente, sin pasar por una centralita. Hay alguien que coge el problema y no lo suelta hasta que está resuelto.
Buena pregunta, y la respondemos sin rodeos: esto funciona como el seguro del coche o la alarma del local. No los contratas para usarlos; los contratas para no necesitarlos. Nadie pide que le entren a robar para sentir que la alarma valió la pena. El día que la web va sola y aburrida es el día que esto está cumpliendo su trabajo. Y el día —raro, pero llega— en que algo se tuerce, el dinero de todos los meses tranquilos se paga solo en esa única mañana.
Al contrario, es justo el motivo de que esto exista. No tienes por qué saber qué es un certificado, una copia o una actualización. Tú sabes de lo tuyo y nosotros de lo nuestro. Lo único que te pedimos es que dejes de preocuparte por la web. Del resto nos encargamos.
Le echamos un vistazo primero, con honestidad. Si está bien construida, la adoptamos y la cuidamos como si fuera nuestra. Si encontramos algo que pueda darte un disgusto más adelante, te lo decimos claro antes de empezar, no después. Sin sorpresas.
Estamos con base en Asturias, pero cuidamos webs de negocios de toda España. La cercanía es de trato, no de código postal: una web no entiende de distancias y un correo bien contestado, tampoco. Estés donde estés, nos tienes igual de cerca.
Cuéntanos qué web tienes y cómo te trata. Le echamos un vistazo, te decimos qué necesita y cómo la cuidaríamos. Una conversación, sin presión y sin compromiso. Si encaja, encaja. Y si no, te habremos dicho la verdad igual.